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Resiliencia perdida: la generación sin herramientas para la vida

ChatGPT-Image-Mar-26-2025-04_12_47-PM-1024x683 Resiliencia perdida: la generación sin herramientas para la vida

En las últimas décadas, los enfoques de crianza han cambiado significativamente, en muchos casos buscando ofrecer a los niños una vida más cómoda y llena de oportunidades. Sin embargo, esto ha derivado en una tendencia que ha llevado a reducir las oportunidades para que los jóvenes enfrenten desafíos cotidianos. Esto ha generado que algunos jóvenes de la Generación Z (aquellos que actualmente rondan los 20 años) se enfrenten a una realidad para la que pueden no estar completamente preparados.

Con la intención de que se concentren en sus estudios o para facilitar la dinámica familiar, en algunos hogares se han reducido las expectativas sobre la contribución de los jóvenes en las tareas del hogar o la resolución de situaciones por sí mismos. Como resultado, algunos han crecido con menos oportunidades para desarrollar habilidades básicas necesarias en la vida adulta.

La realidad de la vida actual no proporciona tan fácilmente las mismas situaciones cotidianas que generaciones anteriores solían enfrentar, y que, aunque en su momento podían generar nerviosismo, ayudaban a desarrollar autonomía. Recuerdo claramente la primera vez que mi mamá me pidió bajarme en la Arrocha con un cheque firmado, para que comprara unas cosas puntuales y pagara. Recuerdo el nerviosismo de presentar el cheque en la caja, el miedo a cometer un error y tener que salvar la situación si algo salía mal. Evidentemente, de los nervios, me equivoqué escribiendo el monto en el cheque y tuve que explicar el error a la cajera y a las personas en la fila, regresar al carro, explicarle a mi mamá, y enfrentar la incomodidad de la situación. Experiencias como esta, aunque en su momento fueron difíciles, fueron parte del crecimiento y me enseñaron que soy capaz de manejar la ansiedad de situaciones desconocidas.

Hoy en día, en algunos casos, los jóvenes han tenido menos oportunidades de experimentar este tipo de situaciones, lo que ha llevado a que tareas cotidianas como hacer una llamada telefónica para sacar una cita médica o enfrentarse a pequeños errores puedan generar niveles elevados de ansiedad. La vida no puede aprenderse solo en teoría; se necesita la práctica, la experiencia y, sí, incluso los errores, para desarrollar confianza y resiliencia.

Además de la sobreprotección, en algunos casos, la sobreindulgencia también ha tenido un impacto en la preparación de los jóvenes para la vida adulta. Gracias al esfuerzo de sus adultos, han gozado del acceso a cierto grado de comodidades. Esto puede manifestarse en la reducción de responsabilidades en el hogar, en la evitación de experiencias que podrían resultar incómodas y en una tendencia a proporcionar entretenimiento constante para prevenir el aburrimiento o la reflexión. Como consecuencia, algunos jóvenes han desarrollado grandes expectativas sobre lo que la vida debe ofrecerles, pero pueden tener menor tolerancia a la frustración cuando las cosas no salen como esperan. La falta de exposición al esfuerzo y a la resolución de problemas puede hacer que la transición a la adultez se sienta abrumadora.

La resiliencia es la capacidad de afrontar y superar situaciones difíciles. La incomodidad es parte del crecimiento, y es en esos momentos desafiantes donde se desarrollan habilidades clave para la vida. En las últimas décadas se ha ido acentuando la llamada “adolescencia tardía”, un periodo en el que, a pesar de haber alcanzado la mayoría de edad, pueden seguir dependiendo en gran medida de sus familias para la toma de decisiones y la resolución de problemas cotidianos. (Nótese que el énfasis es en la dependencia emocional. No me refiero a lo económico.)

Para fomentar la autonomía en los adultos jóvenes, es útil ofrecerles desde temprano, oportunidades graduales para asumir responsabilidades y enfrentar desafíos. Algunas estrategias que pueden ser beneficiosas incluyen:

  1. Asignarles responsabilidades: Desde tareas del hogar hasta la el manejo de su dinero/mesada, es fundamental que aprendan a manejarse por sí mismos.
  2. Fomentar la toma de decisiones: Darles espacio para que tomen decisiones, incluso si esto implica cometer errores y aprender de ellos. Y esto incluye decidir su camino laboral y profesional.
  3. Exponerlos a situaciones reales: Dejarlos gestionar sus propias citas y resolver imprevistos sin intervención de los padres. (No estoy hablando de accidentes y situaciones graves, obviamente.)
  4. Incentivar la resiliencia emocional: Enseñarles a lidiar con el fracaso y la frustración como parte natural de la vida.
  5. Promover un equilibrio entre apoyo y autonomía: Permitirles vivir experiencias fuera de su zona de confort y enfrentarse a los desafíos con el apoyo adecuado, pero sin intervenir excesivamente.

Es momento de reflexionar sobre cómo podemos apoyar el desarrollo de la resiliencia y la autonomía en las nuevas generaciones. En nuestro deseo de brindarles lo mejor, podemos encontrar un equilibrio entre el apoyo y la oportunidad de que enfrenten desafíos por sí mismos. Si queremos que sean adultos funcionales y resilientes, es importante que tengan experiencias reales, que aprendan de la incomodidad y que desarrollen las habilidades necesarias para su independencia.

***Disclaimer: Este artículo pretende ilustrar que a veces, por querer hacer un bien, podemos privar a las personas de sus propios aprendizajes. Hay muchos jóvenes y muchas familias que viven situaciones desproporcionadamente difíciles, que causan efectos psíquicos y sociales disruptivos. La violencia, los abusos y la disparidad de oportunidades son problemas serios.

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