Categoría: <span>Psicología general</span>

La motivación no es suficiente

La mayoría de las personas trata de mejorarse a si misma. Buscamos ser más felices, más sanas, más plenas. Sabemos lo que podemos mejorar y nos proponemos cambios. Tenemos una imagen de cómo nos gustaría ser. Tenemos una motivación, un por qué, un “allá quiero llegar”.

El problema con la motivación es que es fluctuante. Es pasional. La motivación depende de cómo te sientes y qué necesitas en el momento presente. Las motivación es “las ganas de…”.

El precursor del cambio es la acción. Y la motivación solita no necesariamente te lleva a la acción constante y sostenida que se requiere para lograr cambios de hábitos significativos. El motor que transforma la motivación en acción, es la disciplina.

Si la motivación es el por qué, la disciplina es el qué.

La disciplina es lo que te lleva a tomar las decisiones correctas en la dirección de tus metas a largo plazo, a pesar de que en el momento presente se sientan difíciles y lejanas. La disciplina es lo que te hace ir al gimnasio cuando en realidad tienes ganas de dormir un poco mas. Es la que te hace pedir pechuga a la plancha cuando en verdad tienes ganas de comer pizza. Es la que te recuerda dejar el almuerzo preparado el domingo, para no tener que salir a comer en la calle durante la semana.

No se trata de ser robots y no disfrutar la vida. Pero cuando hicimos nuestras resoluciones de principio de año, sabíamos que queríamos hacer cambios para lo mejor. Estábamos claras en el por qué. Pero cuando el ímpetu inicial de la motivación comienza a flaquear, la disciplina nos recuerda: “¿Qué es lo mejor para mí?”.

¿Con qué acciones estas dispuesta a comprometerte, para lograr tus objetivos?

motivation-1634875_640-300x225 La motivación no es suficiente

“Sólo las personas disciplinadas son realmente libres.
Las indisciplinadas son esclavas de los cambios de humor, de los apetitos y las pasiones.” 
-Stephen Covey

¡Este año sí cumplo las resoluciones!

new-years-day-1926337_960_720-300x200 ¡Este año sí cumplo las resoluciones!

Para muchas personas, Año Nuevo representa el inicio de un nuevo ciclo, un nuevo libro en blanco para escribir la vida que desean para sí mismos. Parte de la tradición de “Año Nuevo, Vida Nueva” incluye establecer las Resoluciones del Año. Es la lista de cosas que se quieren conseguir durante el año que comienza. Popularmente las listas incluyen: bajar de peso, hacer ejercicios, ahorrar, dejar un mal hábito como fumar, etc. Los primeros días del año se llenan los gimnasios, los parques; los carritos del super van llenos de comida saludable. La gente está muy motivada en enero.

Lastimosamente, a medida que el año transcurre, la motivación va disminuyendo, los viejos hábitos comienzan a regresar y nos convencemos con nuestras propias excusas. Pero ¿por qué? Si las resoluciones fueron hechas con convicción y ganas, ¿por qué es tan difícil mantenerlas? Y más importante, ¿qué podemos hacer para cumplirlas?

  1. Sé específica con tus metas.

“Pasar más tiempo con la familia” es una meta demasiado amplia. Mientras más amplia la meta, más fácil es ponerte excusas. “Ahorraré $10 a la semana” es específico; “ahorrar” es difuso.

  1. Sé realista.

La mayoría de las resoluciones de Año Nuevo fallan porque son demasiado difíciles. No es lo mismo proponerse “leer un libro cada semana” que “leer al menos 20 minutos tres o cuatro días a la semana”. No se trata de establecer metas demasiado bajas, pero sí de dar espacio a lo imprevisto. Si estableces una meta demasiado exagerada, aumentan las posibilidades de que un día la falles y te desanimes del todo.

  1. Poco a poco.

Los hábitos, tanto los buenos como los malos, toman tiempo en desarrollarse. No sientas que tienes que cambiarlo todo a la vez, a la perfección. Enfócate en dominar un cambio a la vez.

  1. Comienza de menor a mayor.

Empieza por las cosas de tu lista que sean más fáciles de cumplir. Así aumentarás tu sentido de bienestar y de autocontrol.

  1. water-intake ¡Este año sí cumplo las resoluciones!Mide tu progreso.

Lleva un diario de tu progreso. Puedes llevar una cuenta diaria de los vasos de agua que tomas, o de los días que llevas sin fumar. A medida que vayas viendo la sucesión de “retos” cumplidos, no querrás romper la cadena.

  1. Pero si la rompes, ¡reponte!

“Si ya rompí la dieta, mejor ¡la rompo con ganas!”. Nadie es perfecto. Cosas inesperadas pueden pasar. Pero no lo empeores. Haz lo mejor que puedas dentro de una mala situación, y retoma tu curso lo antes posible. Recuerda que estás modificando viejos hábitos; ellos tenderán a aparecer si tienen oportunidad. Pon en practica tu nueva conducta lo antes posible.

Ten paciencia. Recuerda que lo que más influirá en cómo termines el año serán las decisiones que tomes momento a momento.

No lo dejes para mañana. Lo único que cuenta es que ahora mismo tomes la decisión más saludable.

El niño con hiperactividad, y la escuela

No hablaremos de un “niño hiperactivo”, ya que este fraseo tan simple marca una gran diferencia. Si hablamos de un “niño hiperactivo” estamos sugiriendo que la hiperactividad es parte intrínseca de su ser, de su identidad. En cambio, hablar de un niño “con” hiperactividad supone una condición que el niño presenta, que puede ser modificada. Lo que parece un juego de palabras es clave para como nosotros percibiremos y nos relacionaremos con él, como se percibirá a sí mismo y en consecuencia, afectará su conducta.

En la escuela, estos niños suelen tener problemas ya que les es extremadamente difícil quedarse sentados, no molestar a sus compañeros, terminar sus trabajos correctamente y a tiempo.

La interacción con estos niños puede causar en los adultos impaciencia, enojo y frustración. El fastidio del adulto se suele traducir en regaños y descalificaciones conscientes o inconscientes, rebajando el autoestima del niño (“soy incapaz, ineficiente”) y seguramente produciendo rebeldía y deterioro en la relación adulto-niño. En el salón de clases, los regaños y expresiones de impaciencia por sus dificultades paralizan su proceso de aprendizaje, y crean rechazo a colaborar con la maestra.

Lo principal en el trato con estos niños es crearles el sentido de que son personas capaces, y que no son unos tontos.

Técnicas de intervención en el salón:

  • Fijar normas y límites muy claras y concisas, así como las consecuencias específicas de lo que conlleva romper las reglas.
  • No castigar en exceso: ignorar las pequeñas conductas impulsivas, pero castigarlo de inmediato cuando haga una acción que es claramente provocativa.
  • Usar el verbo “estar” y no “ser”.
  • Recordar las normas al iniciar la clase.
  • Combinar los periodos de atención con los de acción.
  • Dar más tiempo para que termine sus actividades.
  • Permitirle que continúe trabajando. Por ejemplo, hacer dibujos en la parte de atrás de la hoja, seguir añadiendo detalles que cumplan con la instrucción, etc.
  • Permitir los movimientos del niño que no molesten el trabajo de los demás ni el suyo.
  • Actividades cortas y de transición rápida y controlada, contemplando que pueda moverse luego de un tiempo determinado.
  • Decirle con frecuencia que se está portando bien, cuando cumple con lo que se desea de él. Aunque no lo parezca, puede estar haciendo un real esfuerzo.

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