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Ruido, Urgencia y Vacío: El Costo Psicológico de la Sobreestimulación

En la actualidad, vivimos en un estado de sobreestimulación constante. Las redes sociales, el product placement, los influencers, la contaminación auditiva y el bombardeo constante de información nos rodean a cada momento. Este constante bombardeo mantiene nuestro sistema nervioso en un estado de alerta permanente, lo que dificulta la relajación y la concentración. En un estado de sobreestimulación, reaccionamos constantemente a lo que nos rodea en lugar de tomar decisiones basadas en lo que realmente queremos. Esto nos lleva a un estado de hiperactividad sin dirección, sintiéndonos ocupados pero sin avanzar en un propósito significativo.

La sobreestimulación interrumpe nuestra capacidad de introspección, planificación y conexión con nuestras verdaderas necesidades y valores, dejándonos sin un sentido de propósito. Esta carencia de un propósito definido puede dejarnos con una profunda sensación de insatisfacción. Al no tener un objetivo claro que guíe nuestras acciones, es fácil caer en la sensación de estar ocupados pero no realmente avanzando hacia algo significativo.

La estimulación constante, especialmente a través de redes sociales y notificaciones digitales, mantiene nuestro cerebro en un ciclo de gratificación instantánea. Esto reduce nuestra capacidad para tolerar la incomodidad necesaria para perseguir metas a largo plazo, lo que nos deja sin un sentido de dirección real.

Cuando estamos bombardeados por información, entretenimiento y estímulos, no dejamos espacio para la reflexión. La claridad sobre lo que queremos y quiénes somos solo surge en momentos de calma, algo que la sobreestimulación elimina casi por completo.

La exposición continua a múltiples fuentes de información fragmenta nuestra atención. Esto nos impide profundizar en ideas, desarrollar proyectos personales y mantener la concentración en objetivos a largo plazo, esenciales para construir un sentido de propósito.

En lugar de sintonizarnos con nuestras emociones, estados internos y deseos auténticos, buscamos distracción constante. Esto impide que desarrollemos un propósito basado en lo que realmente nos importa y nos llena.

Como la sobreestimulación nos mantiene saltando de una actividad a otra sin un hilo conductor, sentimos que no avanzamos en nada concreto. La satisfacción proviene del progreso en algo significativo, pero cuando todo es ruido y distracción, perdemos la percepción de crecimiento y evolución.

En un mundo lleno de estímulos, es crucial encontrar espacios para desconectar y reconectar con nosotros mismos. Solo así podremos encontrar un propósito claro y un verdadero sentido de bienestar en nuestras acciones diarias.

 

6 ejercicios para sobrevivir el tranque navideño

Es diciembre y el tema del momento ya ustedes saben cuál es: ¡el tranque! El cansancio, las obligaciones, las filas, las ganas de llegar a casa se traducen rápidamente en frustración e ira. Pero dar rienda suelta a la rabia mientras vas en el carro perjudica tu salud física y mental. Y si tus hijos van en el carro, les haces sentir miedo y ansiedad, además de que aprenden a ser conductores agresivos en el futuro.

La realidad es que es diciembre y hay tráfico. Eso no va a cambiar pronto, y está fuera de tu control. Lo que sí está bajo tu control es cómo te lo tomas. Manejar irresponsablemente, gritar, manotear y pitar, no van a hacer que llegues más rápido, pero sí más amargada.

Te propongo unos ejercicios para ayudarte a mantener la cordura durante el tranque.

  1. Apaga la música y quédate en silencio. Olvida el celular y el chat. Solo quédate en silencio, respirando.
  2. Observa tus sensaciones. Lleva tu atención a tu cuerpo e imagina que liberas los puntos donde sientes tensión.
  3. Baja la velocidad. Si estás moviéndote, concéntrate en ir un poco más despacio que el límite de velocidad.
  4. Cuida tu actitud. Estar atascado en un tranque nos puede poner en modo de competencia, lo que crea más tensión. Si igual hay tranque, ¿qué te cuesta darle paso al carro que está tratando de cambiarse de carril?
  5. Aprovecha cuando los carros están detenidos, para observar a tu alrededor. Las hojas de los árboles, las decoraciones navideñas, los edificios nuevos, un balcón bonito…
  6. Cuando te subes al carro, y antes de bajarte de él, haz tres respiraciones profundas, y al exhalar, suelta las tensiones.

No vas a llegar más rápido, pero el tranque no contaminará tu tranquilidad ni la de tus seres queridos.

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